Catastrofe en el Río Pas, aparecen más de sesenta truchas y salmones envenenados

Diario Montañés, 27/08/2012
La consejera de Ganadería, Pesca y Desarrollo Rural, Blanca Martínez, confirmó ayer que las truchas y los salmones que continúan apareciendo muertos en el río Pas a su paso por Puente Viesgo han sido envenenados. Una vez descartada la hipótesis de que el calor y el escaso caudal del río han reducido el nivel de oxígeno en el agua hasta provocar la muerte de más de medio centenar de peces, los técnicos del Gobierno regional investigan si la «catástrofe» ha sido intencionada o no. Para los pescadores y los ribereños del Pas está claro que alguien utilizó algún tipo de sustancia con la intención de «robar» salmones.

El personal del Centro de Investigación del Medio Ambiente (CIMA) empezó ayer a analizar las muestras de agua recogidas a lo largo del río para buscar el producto que ha matado a los peces, aunque los resultados no se conocerán hasta dentro de unos días. Además, realizaron mediciones de oxígeno, potencial de hidrógeno (PH), temperatura y conductividad que reflejaron niveles normales para esta época del año y permitieron descartar por completo las causas naturales como origen de las muertes.

A su vez, los técnicos de la Consejería de Ganadería y Pesca recorrieron el río para localizar más peces envenenados y encontraron cerca de una docena de truchas, que hay que sumar a las 30 encontradas el domingo, a los 33 salmones y a otros once peces que no pudieron ser recuperados de un pozo de gran profundidad.

La inmensa mayoría de los peces se encontraban en el caudal posterior a la presa de Puente Viesgo, aunque los técnicos localizaron dos truchas flotando en la parte alta de la presa y otra todavía más arriba, en Corrobárceno. Y aunque podrían ser muertes no relacionadas, los investigadores del Gobierno y del Seprona -que han enviado sus muestras al Instituto Nacional de Toxicología- tendrán que valorar la posibilidad de que el vertido del veneno se realizara antes de llegar a la presa.

La consejera Blanca Martínez no quiso ahondar en las posibles causas del envenenamiento hasta que no finalicen las investigaciones. Sin embargo, los que mejor conocen el río tienen claro a estas alturas que el veneno se utilizó para matar a los salmones y después comérselos. Desde la Sociedad Cántabra de Fomento de Caza y Pesca apuntan a «un delito ecológico perpetrado por furtivos desaprensivos» para explicar «la masacre de salmones y truchas en el Pas».

Los ribereños de la zona se atreven incluso a reconstruir los hechos. Según dicen, todo apunta a que unos pescadores furtivos se acercaron a la presa de madrugada, cuando nadie vigila el río, y arrojaron algún producto como lejía o cloro -que es diez veces más potente- en uno de los pozos donde se agrupan los salmones que remontan el río para desovar. Sospechan que los furtivos querían llevarse algunos salmones, pero cuando vieron que se les había ido la mano con el producto venenoso salieron a toda prisa, dejando un montón de peces boqueando en busca de oxígeno. De hecho, los veteranos del barrio de La Rotura dicen que los salmones muertos tienen la boca abierta porque lucharon por respirar hasta el último instante.

El uso de lejía o productos similares para matar peces y después comérselos es algo bastante común entre los pescadores furtivos que, según dicen los expertos, no presenta riesgos para el ser humano. De hecho, hace un mes y medio ya se produjo un caso similar, aunque de menor alcance, en el río Miera. Los furtivos utilizan productos que eliminan el oxígeno del agua y asfixian a los peces, pero no dejan rastro en su organismo, por lo que siguen siendo comestibles.

Vigilancia

El alcalde de Puente Viesgo, Rafael Lombilla (PRC), lamentó ayer que la Consejería de Ganadería y Pesca no hiciera «nada» para sacar a los salmones de un pozo en el que llevaban «más de 15 días». El regidor denunció también que no se haya mantenido el caudal ecológico del Pas «después de haber gastado muchos millones en el bitrasvase» y aseguró que había una solución «muy sencilla» para evitar una «catástrofe» que se notará en el prestigioso coto de pesca dentro de cuatro o cinco años, cuando se interrumpa el ciclo natural del salmón: «Tenían que haber echado los peces río abajo porque, a cien metros, el acceso es mucho más complicado para la gente».

Desde la Sociedad Cántabra de Fomento de Caza y Pesca también se mostraron críticos con la Administración y pidieron que cuando los pescadores finalicen la temporada de pesca -este año, el cupo de 50 salmones se cerró a principios de junio-, se aumente la vigilancia de los ríos, «especialmente en sitios conflictivos como Puente Viesgo, donde por el estiaje y la acumulación de salmones existen problemas de furtivismo todos los años».

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